Temí durante un tiempo, no precisamente corto, haberme dejado arrastrar por la fiebre general de odio contra la SGAE y la ministra González Sinde. Somos una parte tan interesada de la disputa que, como consumidores, difícilmente podemos observar el problema desde la distancia. La comodidad y la multiplicación de posibilidades que año tras año nos ha ofrecido Internet son un privilegio al que desde el más tirano al más altruista se aferrarían. Incluso llegué a ver en las palabras de Eduardo Punset a la ministra cierto halo de interés personal, seguramente a causa de encontrarme proyectando mis propios pensamientos en dicha situación. Creo que todos intuimos, que por mucho que en la Edad Media no se cobrara por leer lo que uno había escrito (e, incluso, muchas obras ni se firmaran), trasladado a nuestros días parece insólito que el artista no obtenga remuneración por su trabajo.
Este largo período de dudas se extinguió con la noticia de que una lingüista había descubierto 34 nuevos poemas de Quevedo y que habían sido editados por Libros del Silencio con el título Poesía Inédita (14 euros por 165 páginas). ¿Por qué no existe un PDF en el portal del Ministerio de Cultura para que los ciudadanos accedan a dicho contenido gratuitamente? ¿Quién tiene los derechos de unos poemas escritos en el siglo XVII? ¿No se trata de un hallazgo para toda la cultura española que somos todos? Es contemplando este tipo de ejemplos donde salta a la vista el anquilosado funcionamiento de nuestros políticos con respecto al tema.
Quieren inutilizar esas páginas que nos permiten ver, sin largas esperas de descargas, las series y las películas que nos apetezcan pero no proponen modelos de negocio sobre dicha tecnología y ni siquiera se incentivan. Lo más grave es que tampoco la utiliza la propia Administración: en Murcia llevamos dos años con la Filmoteca Regional cerrada a cal y canto y con casi cuarenta salas de cine que ningunean sistemáticamente los estrenos de cine de autor o menos-comercial, pero no se ha habilitado una web para poder ver todas esas películas que la Filmoteca hubiera programado desde una página de Internet. ¿Por qué? ¿No interesa realmente el acceso a la cultura? Y cuando sí funcione la filmoteca, ¿es que sólo tienen derecho a poder verlas los habitantes de la capital, donde se ofrece (si hay suerte) su exhibición? ¿No puede la Filmoteca Española o la de cada comunidad autónoma proporcionar esa cultura por Internet? Al precio que se suelen cobrar las entradas, dudo que se persiga el beneficio, y el que la vea por la Red no tiene por qué pagar el mantenimiento de la sala.
Si el impedimento reside en el volumen de gente para quien estaría a mano el producto, entraríamos en el terreno del cinismo. El mismo cinismo que te permite ver la película o leer el libro que quieras gratis de la biblioteca de turno, pero que está en contra de digitalizar los contenidos y ofrecerlos por la Red. La paradoja es tan grande, se supone que una sociedad es mejor cuanto más bibliotecas, filmotecas, hemerotecas y ludotecas tenga, pero se detesta que todo el mundo pueda acceder a los objetos que les dan valor.
Y en esas estamos, intentando cambiar una situación, que todos sabemos a quien no conviene, prohibiendo, amenazando y secuestrando. Se han desterrado las ideas de progreso, de adaptación, de sinergia, de dinamismo, de maña, de innovación; aunque no duden en situar su postura atávica en el marco de una ley que proclama en su nombre: desarrollo y sostenibilidad. Uno sólo puede concluir que esta política se fundamenta en la ignorancia o el interés, desgraciadamente parece que es lo segundo y no como sinónimo de bondad para la Nación (como evidencié en el párrafo anterior) sino como sustitutivo de amiguismo con algunos artistas, el grueso de los mecenas, la mayoría de los explotadores y la totalidad de los neo-inquisidores. De tal suerte que al final en el otro lado (el de los anteriores, el de los que gobiernan y el de los que legislan) es donde más ceguera ha producido la irreflexión de la psicología común colectiva. Una muerte de la imaginación que evoca directamente a la calidad de los guiones de Ángeles González Sinde (excepción hecha de La Buena Estrella).
Para que no se diga que esto es un criticar sin proponer (aunque creo que algunas ideas he dejado caer), os remito a dos sitios web con su propia teoría sobre cómo concebir el material audiovisual libre en la Red: la expropiación y el código fuente.
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domingo, 11 de abril de 2010
martes, 16 de marzo de 2010
Mera Palabrería (III): Expresión de la Cultura, Cultura de las Expresiones
martes, 16 de marzo de 2010
5
Tres meses después de la última entrada de ‘Mera Palabrería’, me he animado a traeros una nueva entrega. La irregularidad de ésta, una de nuestras pocas secciones, no se debe a una falta de cuestiones para tratar; sino más bien a un problema a la hora de decidirnos por acotar una temática. En esta ocasión tres han sido los desencadenantes de la entrada que estáis leyendo, una se viene repitiendo durante las últimas semanas en forma de debate a propósito de la Fiesta o la “fiesta” (según quien la escriba) y las otras dos tuvieron lugar el lunes pasado. Dicho día realicé un examen donde se nos preguntó la diferencia entre la concepción antropológica y la periodística de ‘cultura’ y volviendo después a casa leí un reportaje de El País del domingo en el que se explicaba la expresión ‘armarse la de Dios es Cristo’.
Más allá del debate de si los espectáculos taurinos son en realidad intolerables manifestaciones de crueldad humana, se me hace insoportable la postura antitaurina basada en la afirmación de que los toros no son cultura. Tanto desde un punto de vista periodístico (cultura como conjunto de las Bellas Artes) donde es ineludible la existencia de un código estético y de una emocionalidad entre los aficionados, como, y sobre todo, desde el punto de vista antropológico (cultura como aquello fruto de la actividad humana y que se relaciona con el lenguaje y la convención social), el intento de desterrar la fiesta del imaginario cultural se me antoja un ejercicio de necedad. Otra cosa es que se borre como actividad legal, a consecuencia de determinado progreso del pensamiento, la moral y los principios ecologistas (o mejor habría que llamarlos ‘psicoecologistas’).
Personalmente, estaría a favor de cualquier debate para reformar, parcelar, ‘guetificar’ y extinguir cualquier manifestación religiosa, especialmente en el ámbito público. Pero no por ello dejaría de admitir la importancia de la religión católica en mi mundo, en mi forma de ser, en mi forma de ver a los otros, en la manera de valorar mis actos… Jamás negaré que es parte de mi cultura, por suerte o por desgracia.
La mayor prueba de todo ello es que su espectro vive en el lenguaje, como con ‘armarse la de Dios es Cristo’ que viene a ser un vestigio del Concilio de Nicea del año 325, nada menos. Al parecer en dicha reunión, se discutió la humanidad de Jesús y su condición como hijo de Dios, en tanto que se defendía que podía ser Dios mismo a raíz de la Santísima Trinidad o descendencia del Todopoderoso. Obviamente la discusión tuvo que ser “fina” para que el dicho haya llegado a nuestros días como sinónimo de enfrentamiento, problema o discusión de gran dimensión.
Desde la tauromaquia nos llega tanto o más vocabulario que de la religión. Muchas de sus expresiones las reconocemos (“dar la puntilla”, “entrar a matar”, “torear a alguien”, “a toro pasado”, “echar un capote o estar al quite”, “coger al toro por los cuernos”, “salir por la puerta grande”, “ser el culpable de la muerte de Manolete”…), otras están menos extendidas o las usan los entendidos y otras tantas las empleamos la mayoría desconociendo su origen. De estas últimas podemos destacar: “dar un baño” (no, no procede del fútbol), “escurrir el bulto”, “estar de capa caída o para el arrastre”, “pasarse de castaño oscuro”, “pinchar en hueso”, “a las primeras de cambio”, “acoso y derribo”, “cambiar de tercio”, “estar hasta la bandera”, “parar los pies a alguien”…
Para ver más expresiones taurinas podéis visitar la página que enlazo aquí o si queréis ver de dónde proceden las expresiones anteriores podéis pinchar en esta otra.
Para ver el origen de numerosas expresiones del español de toda índole y de orígenes variados os recomiendo la siguiente página de la Fundación de la Lengua Española. No dejéis de hacerlo, las hay increíbles.
Más allá del debate de si los espectáculos taurinos son en realidad intolerables manifestaciones de crueldad humana, se me hace insoportable la postura antitaurina basada en la afirmación de que los toros no son cultura. Tanto desde un punto de vista periodístico (cultura como conjunto de las Bellas Artes) donde es ineludible la existencia de un código estético y de una emocionalidad entre los aficionados, como, y sobre todo, desde el punto de vista antropológico (cultura como aquello fruto de la actividad humana y que se relaciona con el lenguaje y la convención social), el intento de desterrar la fiesta del imaginario cultural se me antoja un ejercicio de necedad. Otra cosa es que se borre como actividad legal, a consecuencia de determinado progreso del pensamiento, la moral y los principios ecologistas (o mejor habría que llamarlos ‘psicoecologistas’).
Personalmente, estaría a favor de cualquier debate para reformar, parcelar, ‘guetificar’ y extinguir cualquier manifestación religiosa, especialmente en el ámbito público. Pero no por ello dejaría de admitir la importancia de la religión católica en mi mundo, en mi forma de ser, en mi forma de ver a los otros, en la manera de valorar mis actos… Jamás negaré que es parte de mi cultura, por suerte o por desgracia.
La mayor prueba de todo ello es que su espectro vive en el lenguaje, como con ‘armarse la de Dios es Cristo’ que viene a ser un vestigio del Concilio de Nicea del año 325, nada menos. Al parecer en dicha reunión, se discutió la humanidad de Jesús y su condición como hijo de Dios, en tanto que se defendía que podía ser Dios mismo a raíz de la Santísima Trinidad o descendencia del Todopoderoso. Obviamente la discusión tuvo que ser “fina” para que el dicho haya llegado a nuestros días como sinónimo de enfrentamiento, problema o discusión de gran dimensión.
Desde la tauromaquia nos llega tanto o más vocabulario que de la religión. Muchas de sus expresiones las reconocemos (“dar la puntilla”, “entrar a matar”, “torear a alguien”, “a toro pasado”, “echar un capote o estar al quite”, “coger al toro por los cuernos”, “salir por la puerta grande”, “ser el culpable de la muerte de Manolete”…), otras están menos extendidas o las usan los entendidos y otras tantas las empleamos la mayoría desconociendo su origen. De estas últimas podemos destacar: “dar un baño” (no, no procede del fútbol), “escurrir el bulto”, “estar de capa caída o para el arrastre”, “pasarse de castaño oscuro”, “pinchar en hueso”, “a las primeras de cambio”, “acoso y derribo”, “cambiar de tercio”, “estar hasta la bandera”, “parar los pies a alguien”…
Para ver más expresiones taurinas podéis visitar la página que enlazo aquí o si queréis ver de dónde proceden las expresiones anteriores podéis pinchar en esta otra.
Para ver el origen de numerosas expresiones del español de toda índole y de orígenes variados os recomiendo la siguiente página de la Fundación de la Lengua Española. No dejéis de hacerlo, las hay increíbles.
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viernes, 19 de febrero de 2010
Sólo Jean Renoir Vale Un 31
viernes, 19 de febrero de 2010
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Entre los muchos DVD's que atesoro, alardeo de contar con un pack de título muy cómico para quienes lo descubren por primera vez, "La Trilogía de Apu" (Satyajit Ray entre 1956 y 1960), supongo que las risas que suele provocar se deben a la mundialización de Los Simpsons y su Badulaque. Pero se trata de un cine especial, maravilloso, puro y diferente; la caja es naranja y en ella, como tatuados sobre piel dorada, viven algunos fotogramas en blanco y negro mientras que en el lateral descansa una frase de Akira Kurosawa elogiando al director de la obra: "No haber visto el cine de Ray es como existir en este mundo sin haber visto el sol o la luna".
Estoy totalmente de acuerdo con Kurosawa, ¿quién soy yo para llevarle la contraria? Pero opino que este símil es más adecuado aplicándolo a otro director en el caso del cinéfilo occidental, especialmente europeo. Por esto yo digo: "No haber visto el cine de Jean Renoir es como existir en este mundo sin haber visto el sol o la luna".
Una prueba de su inconmensurable figura para quienes gozamos del cine, y no reducido al cine clásico sino que hablo del cine en esencia, es que en Días de Cine realizaron la semana pasada un vídeo-homenaje por el 31 aniversario de su muerte. Debe de ser fruto de la coincidencia de la fecha del fallecimiento, 12 de febrero, con la emisión del programa, 11 por la noche si no me equivoco ya que yo lo vi repetido el mediodía del 16 ó 17. Para quien no haya visionado sus películas aún, afortunado él pues se le abre un nuevo horizonte de grandeza, puede ser extraño el recuerdo de una efeméride tan poco 'redonda' y 'contundente'; pero cuando uno se ha sentado en medio de la madrugada a ver La Gran Ilusión (1937), La Regla Del Juego (1939), La Bestia Humana (1938) o El Río (1951), entre otras, sabe que cualquier recordatorio está justificado aunque sea una egoísta excusa para volver a disfrutar de sus secuencias.
Os dejo el vídeo de TVE, como no podía ser de otro modo:
Por cierto, no es casualidad la estructura de esta entrada. Renoir y Ray tuvieron una relación muy constructiva de influencia mutua.
Estoy totalmente de acuerdo con Kurosawa, ¿quién soy yo para llevarle la contraria? Pero opino que este símil es más adecuado aplicándolo a otro director en el caso del cinéfilo occidental, especialmente europeo. Por esto yo digo: "No haber visto el cine de Jean Renoir es como existir en este mundo sin haber visto el sol o la luna".
Una prueba de su inconmensurable figura para quienes gozamos del cine, y no reducido al cine clásico sino que hablo del cine en esencia, es que en Días de Cine realizaron la semana pasada un vídeo-homenaje por el 31 aniversario de su muerte. Debe de ser fruto de la coincidencia de la fecha del fallecimiento, 12 de febrero, con la emisión del programa, 11 por la noche si no me equivoco ya que yo lo vi repetido el mediodía del 16 ó 17. Para quien no haya visionado sus películas aún, afortunado él pues se le abre un nuevo horizonte de grandeza, puede ser extraño el recuerdo de una efeméride tan poco 'redonda' y 'contundente'; pero cuando uno se ha sentado en medio de la madrugada a ver La Gran Ilusión (1937), La Regla Del Juego (1939), La Bestia Humana (1938) o El Río (1951), entre otras, sabe que cualquier recordatorio está justificado aunque sea una egoísta excusa para volver a disfrutar de sus secuencias.
Os dejo el vídeo de TVE, como no podía ser de otro modo:
Días de cine: Homenaje a Jean Renoir
Por cierto, no es casualidad la estructura de esta entrada. Renoir y Ray tuvieron una relación muy constructiva de influencia mutua.
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